Quise tirar mi casa al suelo, destruir sus muros y puertas y derribar todos los recuerdos, quise acabar con todos los cuadros y ventanas, tirar a bajo el tejado y enterrar todos los muebles.

Conseguí derribar la casa con todo lo que tenía dentro, ahora los escombros se ha acumulado y yo ya no se que hacer con ellos.

Estoy sentada en lo que queda de mi casa, apenas unas piedras de lo que un día fue, debería haber sacado una maleta de ropa, quizás recoger algún recuerdo, antes de derribarla, debería alejarme de aquí corriendo, estar aquí no me hace ningún bien, pero soy incapaz de moverme, espero una carta, un paquete, algo que me tienen que enviar me digo una y otra vez, "no te puedes ir sin eso", me dicen mis fantasmas, una carta, un paquete o lo que me tengan que enviar, que me va a romper lo que me queda de esperanza, que me va a costar más que lo que vale mi maltrecho corazón y que me helará el alma y me destrozará.

No necesito haberla visto, no necesito saber lo que dice, ni siquiera necesito mirar el remitente, para saber su efecto en mi, puede que no la reciba, que el tiempo vaya pasando y yo me vaya consumiendo a modo de pasa, esperando un imposible, nada puedo reclamar, mis mensajes no llegarían a quien deben, mis preguntas no serían contestadas, solo me quedan dos opciones, levantarme de esta piedra donde estoy sentada y echar andar sin echar una mirada atrás o quedarme donde estoy y seguir esperando que el cartero me despierte un día con una sorpresa entre las manos. Yo de momento me quedo donde estoy, aún hay tiempo de recorrer el mundo, aún puede un milagro volver a levantar mi casa o retirar los escombros.

Huir es de cobardes, rendirse no merece la pena, no puedo levantar lo que yo misma tire, no puedo reconstruir lo que yo misma derribe, no puedo mirar lo que perdí, por querer lo que un día loco soñé.